martes, 1 de septiembre de 2026

AEROPUERTO DE PUERTO CABELLO: DE PROMESA MULTIMODAL A VÍCTIMA DE LA CENTRALIZACIÓN

 




El Aeropuerto Nacional Bartolomé Salom de Puerto Cabello, construido originalmente en los años 80, pasó casi tres décadas sumido en el abandono. No fue sino hasta 2014 cuando, tras una inversión millonaria, el gobierno decidió incluirlo en un plan nacional de recuperación aeroportuaria. Su reinauguración incluyó la reconstrucción total de su infraestructura y la ampliación de su pista de aterrizaje a 2.000 metros (2 km), devolviéndole la operatividad.

Durante su reapertura, las autoridades nacionales, regionales y municipales destacaron un objetivo estratégico: elevar este terminal a categoría internacional. La visión era clara; Puerto Cabello serviría como el complemento perfecto para aliviar las limitaciones del Aeropuerto Arturo Michelena en la ciudad de Valencia, consolidando así las operaciones aéreas del centro del país.

El Eje Multimodal: Una visión logística integral

Las promesas de 2014 a 2017 apuntaban a convertir esta zona en el principal polo de desarrollo logístico de Venezuela. Las condiciones geográficas eran inmejorables, muy similares a las de La Guaira. El aeropuerto está ubicado a pocos minutos del principal puerto marítimo del país, por donde históricamente ingresa el 70% de la mercancía nacional.

El plan de transporte de la época visualizaba una interconexión perfecta: el aeropuerto y el puerto se enlazarían con el Sistema Ferroviario Central "Ezequiel Zamora" (en su tramo Puerto Cabello - La Encrucijada), el cual conectaría al estado Aragua y llegaría hasta Caracas por los Valles del Tuy. Además, esta red ferroviaria se integraría con el Metro de Valencia. De haberse culminado, miles de personas hubiesen encontrado empleo en este desarrollo, creando un escudo económico que habría mitigado enormemente el colapso de los años posteriores. Hoy, tristemente, el ferrocarril está inconcluso y el Metro de Valencia languidece con apenas seis estaciones operativas.

El eslabón perdido de la carga aérea




Al estar ubicado a escasos minutos del principal puerto de Venezuela, el aeropuerto de Puerto Cabello posee un potencial inmenso y desaprovechado para el desarrollo de vuelos de carga. Una verdadera integración marítimo-aérea permitiría que mercancías de alto valor, repuestos urgentes para las industrias o productos sensibles al tiempo que llegan por mar, pudieran ser distribuidos rápidamente por avión al resto del territorio o incluso reexportados.

Actualmente, las mermadas zonas industriales de Carabobo y Aragua dependen casi exclusivamente de Maiquetía para sus operaciones de carga aérea internacional. Esto obliga a las empresas a asumir costosos fletes terrestres y lidiar con los retrasos y la inseguridad en la Autopista Regional del Centro. Un terminal de carga operativo y con estatus internacional en Puerto Cabello no solo descongestionaría las aduanas de Maiquetía, sino que abarataría los costos logísticos, devolviéndole la competitividad exportadora a la región central.

Vulnerabilidad y centralización ante la emergencia

En la actualidad, el peso de todas esas promesas incumplidas es más evidente que nunca. Ante eventos recientes como los sismos ocurridos, y sumado a la histórica improvisación del sector aéreo, el país se ha quedado sin alternativas. La única respuesta del sistema es buscar la manera de que el Aeropuerto Internacional de Maiquetía absorba toda la carga (tanto de pasajeros como comercial) y vuelva a estar completamente operativo, evidenciando una preocupante falta de recursos para nuevas inversiones y una nula voluntad para desconcentrar las operaciones.

Si Puerto Cabello contara hoy con sus instalaciones ampliadas y su estatus internacional, la región central tendría una válvula de escape operativa invaluable ante cualquier crisis en la capital.

El efecto dominó de la infraestructura inconclusa

Este patrón de abandono se repite en todo el territorio nacional. Venezuela inició grandes megaproyectos concebidos con la visión de que hoy, en el 2026, el país tuviera una economía diversificada que no dependiera exclusivamente de la renta petrolera.

Si los sistemas de transporte masivo en ciudades como Maracaibo y Valencia estuvieran operando a plena capacidad, la movilidad urbana sería un motor de desarrollo. Del mismo modo, si la represa de Tocoma se hubiera culminado para 2014 como estaba previsto, el Sistema Eléctrico Nacional no sometería hoy a ciudadanos y empresas a paralizantes apagones de 5 a 8 horas diarias, los cuales deprimen a la población y frenan el crecimiento del sector comercial e industrial.

Retomar el rumbo para el bienestar nacional

No debemos olvidar la lección que nos deja nuestra propia infraestructura: cuando todo se concentra en un solo lugar (Maiquetía, el Guri, Caracas), cualquier desastre natural o emergencia económica hace que todo el sistema colapse.

Las grandes obras de infraestructura —aeropuertos regionales con capacidad de carga, ferrocarriles, metros y plantas de energía— son las herramientas que garantizan el equilibrio operativo de una nación. Retomar lo que un día se inició y ponerlo a funcionar no es un lujo, es una necesidad urgente. Es la única manera de devolverle a los ciudadanos la certeza de que sí hay futuro, frenando el éxodo de talento y brindando la confianza necesaria para que las empresas e industrias vuelvan a mantener al país en movimiento.  

sábado, 29 de agosto de 2026

EL RETORNO DE MAIQUETÍA Y LA NECESIDAD DE VISIÓN DE FUTURO

 



La premura por reactivar el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía ha generado un cronograma de expectativas accidentadas. El pasado 24 de agosto, fecha anunciada inicialmente para el reinicio de operaciones, terminó siendo apenas una fase de pruebas controladas con vuelos y pasajeros. Ahora, el 1° de septiembre se perfila como la fecha real para el arranque operativo inicial, el cual se apoyará en una infraestructura de contingencia: carpas habilitadas tanto en los estacionamientos del terminal nacional como del internacional.

No obstante, la operatividad plena de Maiquetía, según las proyecciones del gobierno nacional, no se alcanzará sino hasta finales de este año. Incluso entonces, esta reapertura arrancará con apenas un 30% de la capacidad operativa que ostentaba el principal terminal aéreo del país antes de los recientes eventos sísmicos.

El Desafío de la Inversión en Tiempos de Crisis

Esta situación expone una realidad ineludible: la crisis económica no ha terminado, sino que ha mutado, afectando la dinámica comercial y la planificación estratégica tanto del sector privado como del Estado. Tras la severa merma de las reservas internacionales, el músculo financiero estatal resulta insuficiente para acometer proyectos de gran envergadura, como la construcción de un aeropuerto moderno desde cero. En su lugar, los recursos disponibles se destinan a reparaciones paliativas para mantener operativo a Maiquetía, una infraestructura que ya supera el medio siglo de existencia.

Lamentablemente, este déficit de inversión genera un efecto dominó hacia el interior del país. Aeropuertos clave que cuentan con certificación internacional —como los de Maracaibo, Valencia, Barcelona, Porlamar (Margarita) y Barquisimeto— quedarán al margen de inyecciones de capital significativas. Esto limita severamente cualquier plan de expansión para sus operaciones comerciales y logísticas a corto y mediano plazo.

El Modelo Centralizado: Un Espejo Regional

Al observar el contexto sudamericano, notamos que la política aeronáutica ha tendido históricamente hacia la centralización en un único gran "hub" por país. Sin embargo, este modelo está mostrando signos de fatiga operativa. Un ejemplo claro es el Aeropuerto El Dorado en Bogotá, Colombia, que maneja alrededor de 45 millones de pasajeros anuales pero se acerca peligrosamente a su límite de capacidad, sin contar con un terminal alterno de envergadura similar. A excepción de Brasil —cuyas dimensiones continentales le obligan a descentralizar—, el resto de los países de la región enfrenta este desafío de saturación.

Planificación Logística para el Crecimiento Sostenido

Para que Venezuela recupere una senda de crecimiento constante y sostenido, es imperativo cambiar el paradigma de la improvisación por el de la planificación estratégica a largo plazo. Las inversiones en infraestructura deben anticiparse al colapso, garantizando que el circuito urbano y logístico de cada ciudad esté blindado. Solo así, las empresas en las distintas regiones podrán proyectar su desarrollo comercial con verdadera certidumbre.

El retorno operativo de Maiquetía es, sin duda, un paso vital y esperado por todos los sectores. Sin embargo, el verdadero bienestar económico y la conectividad del país dependerán de una visión descentralizada que apueste por la mejora y modernización de toda la red de aeropuertos nacionales.

sábado, 22 de agosto de 2026

EL POTENCIAL DEL TURISMO DEPORTIVO EN LA ISLA DE MARGARITA

 


La crisis en Venezuela ha desnudado múltiples debilidades estructurales, pero también ha puesto a prueba la resiliencia y visión de sus empresarios. En pleno siglo XXI, el país ha visto emerger modernos centros comerciales que hoy son referentes para marcas locales e internacionales. La Isla de Margarita sigue siendo la joya de este renacer. Las inversiones han impulsado conceptos híbridos: espacios que fusionan grandes supermercados, restaurantes, panaderías y cafés, acercando la modernidad al hogar del isleño y concentrando la demanda en complejos integrales.

Sin embargo, la realidad tiene matices. Las calles y avenidas históricamente comerciales aún sufren los embates de los últimos años, manteniendo un alto porcentaje de locales cerrados. Aunque de forma tímida han comenzado a abrir nuevas propuestas gastronómicas y comerciales, todavía falta camino por recorrer para que la isla recupere el brillo que la coronó como el faro del comercio nacional.

El Deporte como Identidad Insular

Margarita trasciende sus hermosas playas y centros comerciales; es también un bastión deportivo con una identidad muy arraigada:

  • Béisbol Profesional: Desde el año 2007, los Bravos de Margarita encienden la pasión de la afición cada mes de octubre, dinamizando la economía local durante la temporada regular y la postemporada.

  • Baloncesto con Historia: Los Guaiqueríes de Margarita llevan casi 50 años (desde 1977) regalando alegrías y consolidando una de las fanaticadas más fieles y consistentes del país.

  • La Nostalgia del Fútbol: La isla necesita recuperar una representación en el balompié nacional que emule la época dorada del icónico Pepeganga FC. Con el respaldo de la famosa cadena comercial de los años 70 y 80, este equipo logró hazañas nacionales e internacionales en tiempo récord, demostrando que el fútbol en la isla tiene mercado.

El Turismo Deportivo: Un Nuevo Motor Económico

En la actualidad, las grandes ciudades utilizan el deporte como un imán turístico infalible. Venezuela ya vivió esta época de oro en el siglo XX, con eventos de talla mundial en el circuito de San Carlos, además de la actividad en Turagua (Maracay) y el autódromo de Ciudad Guayana. Replicar y adaptar este modelo en Margarita es una oportunidad invaluable:

  • Infraestructura de Clase Mundial: Construir complejos avalados para torneos de tenis internacionales (ATP 250, 500 o 1000).

  • Circuitos a Motor: Habilitar pistas para competencias de automovilismo o motociclismo que posicionen a la isla en el mapa de los circuitos internacionales.

  • Sinergia Privada y Pública: Estas iniciativas deben ser lideradas por el sector privado, ya que dinamizan de manera directa hoteles, aerolíneas, transporte y restaurantes, beneficiando a grandes y pequeños empresarios.

Crear un ecosistema de turismo deportivo rompería con la dependencia del turismo tradicional de sol y playa. Es el momento de que inversionistas, empresarios y el Estado trabajen en conjunto para demostrar al mundo el inmenso potencial comercial, turístico y deportivo que la Isla de Margarita tiene para ofrecer.

 

viernes, 14 de agosto de 2026

MAIQUETIA CON CARPAS Y EN LAS REGIONES DEL PAÍS A LA ESPERA

 



Este mes de agosto, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía cambia de rostro. Tras las afectaciones sufridas en su infraestructura principal por el doble sismo del pasado 24 de junio, las autoridades han decidido trasladar las operaciones a una "terminal de campaña". A partir de este mes, el estacionamiento del nivel 3 albergará un complejo de andamios, estructuras metálicas y grandes carpas con capacidad para procesar a más de 1.200 pasajeros simultáneamente.

El cronograma oficial ya está en marcha: entre el 17 y el 21 de agosto se ejecutará un plan piloto para evaluar el flujo de personas, y el 24 de agosto iniciarán formalmente las operaciones comerciales bajo esta modalidad de contingencia.

Desde el gremio turístico, instituciones como Avavit han salido al paso de las críticas, asegurando que esta medida no es una improvisación, sino la aplicación de protocolos logísticos estándar frente a desastres naturales, citando como ejemplo exitoso la respuesta de Chile tras el terremoto de 2010.

Demos por válido ese argumento. Aceptemos que la instalación de estas carpas (con tecnología alemana, según el IAIM) es una respuesta técnica y necesaria ante una emergencia sobrevenida. Sin embargo, es precisamente esta demostración de capacidad logística y financiera la que deja al descubierto la peor cara de nuestro modelo de Estado: el centralismo asfixiante.

Si el Estado venezolano tiene los recursos, la voluntad política y la eficiencia para levantar una terminal alterna de gran envergadura en cuestión de semanas para proteger la operatividad de la capital, ¿por qué esa misma eficiencia desaparece cuando miramos hacia las regiones?

El contraste resulta indignante. Mientras en Maiquetía se despliegan megaproyectos de contingencia, en el Aeropuerto Internacional Arturo Michelena de Valencia los pasajeros llevan años sometidos a la desidia. Allí no hubo un terremoto reciente que justifique el caos, pero los viajeros se ven obligados a soportar colas a la intemperie por más de cuatro horas, bajo el sol o la lluvia, esperando exhaustos fuera de las instalaciones tan solo para ser revisados y poder abordar.

Para Valencia, y para el resto de los terminales regionales del país, las autoridades no tienen la más mínima intención de instalar una carpa, ni de proveer confort básico. El mensaje es claro: la dignidad del pasajero y la eficiencia operativa solo importan si ocurren en el Área Metropolitana de Caracas.

Esta concentración de decisiones y recursos ha generado una brecha insostenible. Vivimos en un país donde la inversión real parece destinarse exclusivamente a mantener una burbuja de normalidad en la capital, mientras el interior —que es donde se encuentra el verdadero potencial de valor agregado y logístico— debe sobrevivir con las sobras, mendigando atención para operar.

Las emergencias requieren soluciones rápidas, sí. Pero no podemos permitir que la "cultura de la emergencia" sea el único motor de inversión pública, un modelo que muchas veces termina disfrazando jugosos presupuestos temporales mientras los problemas estructurales del país siguen sin resolverse. Maiquetía tendrá sus carpas; el resto del país, al parecer, solo tiene derecho a seguir esperando.

sábado, 8 de agosto de 2026

LA GESTION DEPORTIVA NECESITA AL SECTOR PRIVADO

 




En Venezuela, la administración de los grandes estadios de fútbol opera bajo un modelo de gestión compartida entre el Ministerio del Deporte y las gobernaciones regionales correspondientes.

El país tuvo el privilegio de albergar la Copa América 2007, un evento que impulsó el desarrollo de una infraestructura deportiva de talla internacional. Durante esa etapa, se construyeron y remodelaron recintos con capacidades que oscilan entre los 40.000 y 51.000 espectadores, dotando a diversas ciudades de instalaciones que nada tenían que envidiar a las del resto de la región. A casi dos décadas de aquella importante inversión, estas estructuras han sido escenario de grandes eventos y finales memorables que han brindado alegrías a las fanaticadas locales.

Sin embargo, el tamaño y la complejidad de estos recintos exigen un mantenimiento constante. Al estar bajo la administración del Estado, los estadios compiten por recursos dentro de un presupuesto público cuyas prioridades inmediatas —y lógicas— son mantener operativas las ciudades: vialidad, alumbrado, sistema de salud y educación. En este escenario de recursos limitados, la infraestructura deportiva suele quedar relegada al final de la lista de prioridades gubernamentales.

Esta vulnerabilidad quedó expuesta recientemente tras un incidente en uno de los principales estadios del país, donde la avería de los ascensores generó quejas públicas en la prensa regional por parte de los usuarios de las áreas VIP. Las autoridades se mostraron sorprendidas por el reclamo, argumentando que los afectados no debieron hacer pública la situación. No obstante, quienes adquieren un boleto preferencial lo hacen bajo la premisa de recibir servicios operativos y acordes al precio pagado, sin que existan "letras pequeñas" sobre la inoperatividad del recinto.

La respuesta oficial para explicar la falla fue reveladora. Además de admitir la paralización del servicio, las autoridades justificaron el colapso señalando el uso indebido de los elevadores. Explicaron que empresas de catering utilizaban los ascensores de pasajeros para subir pesadas herramientas de trabajo, que los equipos de prensa hacían lo propio con sus equipos de transmisión e, incluso, responsabilizaron a niños jugando en las instalaciones.

A la par, se evidenció la precaria realidad financiera y operativa de este modelo de gestión compartida. Mientras el Ministerio asume el campo de juego y la iluminación, la Gobernación carga con el mantenimiento del resto del complejo. La falta de liquidez ha llevado a las autoridades regionales a depender de acuerdos a crédito con pequeñas ferreterías locales para realizar reparaciones menores, un esquema de financiamiento insostenible para estructuras de esta envergadura.

Este caso ilustra una falla estructural en el diseño logístico y la gestión. Estadios de esta magnitud debieron contemplar desde su concepción la instalación de montacargas (ascensores de carga) para proveedores y medios, así como personal de seguridad enfocado en el resguardo de los espacios. Reparar equipos dañados por falta de mantenimiento siempre será financieramente más costoso que sostener un plan de conservación preventivo y continuo.

La solución a este laberinto administrativo puede encontrarse en el sector privado. Al igual que ocurre con la enorme logística requerida para sostener las temporadas del deporte profesional, o el mantenimiento diario de las redes de centros comerciales que reciben a miles de visitantes, en el país existen empresas con la capacidad y experiencia para administrar operaciones masivas.

Delegar el manejo de estas infraestructuras a empresas especializadas —ya sea bajo figuras de concesión o alianzas público-privadas— no debería representar un conflicto para el Ministerio, las gobernaciones o las federaciones. Por el contrario, la tercerización del mantenimiento aportaría soluciones eficientes, garantizando que cualquier aficionado, ya sea en la tribuna popular o en un palco VIP, disfrute de instalaciones dignas y seguras.

¿CAOS ó PROGRESO? EL CALVARIO DE VOLAR EN VENEZUELA TRAS LA REAPERTURA DE MAIQUETÍA

  Este mes de septiembre de 2026, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar ha reanudado formalmente sus operaciones comercial...