El reciente anuncio del Gobierno de los Estados Unidos y la FAA sobre la normalización de los vuelos hacia Venezuela marca el fin de un ciclo de aislamiento, pero también el inicio de una era de madurez comercial. Para entender el futuro que se abre este 2026, es imperativo mirar por el retrovisor y distinguir la actividad aérea real de la distorsión que marcó las últimas dos décadas.
Durante años, especialmente entre 2003 y 2015, Venezuela vivió una ilusión de poder adquisitivo sostenida por controles de cambio (Cadivi, Cencoex, Simadi). Esta política creó un mercado negro y una distorsión de precios que convirtió al viaje internacional en un mecanismo de extracción de renta más que en un acto de turismo o negocios.
El fenómeno de los "Raspa-cupos": La brecha entre el dólar subsidiado y el valor real de la moneda generó una demanda ficticia que saturó aeropuertos y aerolíneas. Países como Colombia, Panamá y Perú se convirtieron en destinos de paso para la fuga de divisas, distorsionando las estadísticas de tráfico aéreo.
La Deuda Millonaria: Ese sistema corrupto no solo saqueó el 90% de las divisas a través de empresas de maletín, sino que dejó una deuda multimillonaria con las aerolíneas internacionales, provocando su salida masiva y el aislamiento que hoy apenas comienza a romperse.
A diferencia de la "bonanza" artificial del pasado, el regreso de American Airlines y otras operadoras en 2026 responde a una necesidad genuina y estructural:
El Motor Energético: La reactivación del negocio petrolero demanda el traslado constante de personal técnico y gerencial calificado, flujo que no puede depender de escalas interminables.
Turismo y Negocios Reales: La conectividad directa reducirá costos de logística, pero esta vez sobre una base de precios reales, sin subsidios que generen "burbujas" de viajeros.
El Reto de las Visas: La demanda inicial será moderada. Con un número reducido de venezolanos con visas de turismo o negocios vigentes, las aerolíneas no verán —al menos al principio— los volúmenes masivos del pasado. Sin embargo, esto garantiza un crecimiento más sano y sostenible.
Para que las aerolíneas venezolanas (Laser, Avior, Rutaca) puedan competir en este nuevo escenario, no basta con tener el permiso. El mercado de 2026 es exigente:
Modernización Obligatoria: El viajero actual busca estándares globales de calidad. Las empresas nacionales deberán transitar de los aviones clásicos a flotas modernas, ya sea mediante adquisiciones o contratos de Wet Lease que cumplan con las estrictas normativas de la TSA y el INAC.
Competitividad: Volar a EE. UU. ya no será un "negocio de divisas", sino un negocio de servicio. Solo aquellas aerolíneas que logren ofrecer puntualidad, seguridad y confort sobrevivirán a la competencia con gigantes como American, United o Delta.
El regreso de las alas estadounidenses es un reconocimiento de que Venezuela está lista para reinsertarse en la dinámica comercial de Occidente. No volveremos a la demanda inflada por la corrupción cambiaria, y eso es una buena noticia. Lo que nace hoy es un mercado basado en el valor real, donde el éxito de una ruta se medirá por la eficiencia y no por la capacidad de capturar divisas del Estado.
Venezuela vuelve a volar, pero esta vez, con los pies en la tierra.

