viernes, 14 de agosto de 2026

MAIQUETIA CON CARPAS Y EN LAS REGIONES DEL PAÍS A LA ESPERA

 



Este mes de agosto, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía cambia de rostro. Tras las afectaciones sufridas en su infraestructura principal por el doble sismo del pasado 24 de junio, las autoridades han decidido trasladar las operaciones a una "terminal de campaña". A partir de este mes, el estacionamiento del nivel 3 albergará un complejo de andamios, estructuras metálicas y grandes carpas con capacidad para procesar a más de 1.200 pasajeros simultáneamente.

El cronograma oficial ya está en marcha: entre el 17 y el 21 de agosto se ejecutará un plan piloto para evaluar el flujo de personas, y el 24 de agosto iniciarán formalmente las operaciones comerciales bajo esta modalidad de contingencia.

Desde el gremio turístico, instituciones como Avavit han salido al paso de las críticas, asegurando que esta medida no es una improvisación, sino la aplicación de protocolos logísticos estándar frente a desastres naturales, citando como ejemplo exitoso la respuesta de Chile tras el terremoto de 2010.

Demos por válido ese argumento. Aceptemos que la instalación de estas carpas (con tecnología alemana, según el IAIM) es una respuesta técnica y necesaria ante una emergencia sobrevenida. Sin embargo, es precisamente esta demostración de capacidad logística y financiera la que deja al descubierto la peor cara de nuestro modelo de Estado: el centralismo asfixiante.

Si el Estado venezolano tiene los recursos, la voluntad política y la eficiencia para levantar una terminal alterna de gran envergadura en cuestión de semanas para proteger la operatividad de la capital, ¿por qué esa misma eficiencia desaparece cuando miramos hacia las regiones?

El contraste resulta indignante. Mientras en Maiquetía se despliegan megaproyectos de contingencia, en el Aeropuerto Internacional Arturo Michelena de Valencia los pasajeros llevan años sometidos a la desidia. Allí no hubo un terremoto reciente que justifique el caos, pero los viajeros se ven obligados a soportar colas a la intemperie por más de cuatro horas, bajo el sol o la lluvia, esperando exhaustos fuera de las instalaciones tan solo para ser revisados y poder abordar.

Para Valencia, y para el resto de los terminales regionales del país, las autoridades no tienen la más mínima intención de instalar una carpa, ni de proveer confort básico. El mensaje es claro: la dignidad del pasajero y la eficiencia operativa solo importan si ocurren en el Área Metropolitana de Caracas.

Esta concentración de decisiones y recursos ha generado una brecha insostenible. Vivimos en un país donde la inversión real parece destinarse exclusivamente a mantener una burbuja de normalidad en la capital, mientras el interior —que es donde se encuentra el verdadero potencial de valor agregado y logístico— debe sobrevivir con las sobras, mendigando atención para operar.

Las emergencias requieren soluciones rápidas, sí. Pero no podemos permitir que la "cultura de la emergencia" sea el único motor de inversión pública, un modelo que muchas veces termina disfrazando jugosos presupuestos temporales mientras los problemas estructurales del país siguen sin resolverse. Maiquetía tendrá sus carpas; el resto del país, al parecer, solo tiene derecho a seguir esperando.

sábado, 8 de agosto de 2026

LA GESTION DEPORTIVA NECESITA AL SECTOR PRIVADO

 




En Venezuela, la administración de los grandes estadios de fútbol opera bajo un modelo de gestión compartida entre el Ministerio del Deporte y las gobernaciones regionales correspondientes.

El país tuvo el privilegio de albergar la Copa América 2007, un evento que impulsó el desarrollo de una infraestructura deportiva de talla internacional. Durante esa etapa, se construyeron y remodelaron recintos con capacidades que oscilan entre los 40.000 y 51.000 espectadores, dotando a diversas ciudades de instalaciones que nada tenían que envidiar a las del resto de la región. A casi dos décadas de aquella importante inversión, estas estructuras han sido escenario de grandes eventos y finales memorables que han brindado alegrías a las fanaticadas locales.

Sin embargo, el tamaño y la complejidad de estos recintos exigen un mantenimiento constante. Al estar bajo la administración del Estado, los estadios compiten por recursos dentro de un presupuesto público cuyas prioridades inmediatas —y lógicas— son mantener operativas las ciudades: vialidad, alumbrado, sistema de salud y educación. En este escenario de recursos limitados, la infraestructura deportiva suele quedar relegada al final de la lista de prioridades gubernamentales.

Esta vulnerabilidad quedó expuesta recientemente tras un incidente en uno de los principales estadios del país, donde la avería de los ascensores generó quejas públicas en la prensa regional por parte de los usuarios de las áreas VIP. Las autoridades se mostraron sorprendidas por el reclamo, argumentando que los afectados no debieron hacer pública la situación. No obstante, quienes adquieren un boleto preferencial lo hacen bajo la premisa de recibir servicios operativos y acordes al precio pagado, sin que existan "letras pequeñas" sobre la inoperatividad del recinto.

La respuesta oficial para explicar la falla fue reveladora. Además de admitir la paralización del servicio, las autoridades justificaron el colapso señalando el uso indebido de los elevadores. Explicaron que empresas de catering utilizaban los ascensores de pasajeros para subir pesadas herramientas de trabajo, que los equipos de prensa hacían lo propio con sus equipos de transmisión e, incluso, responsabilizaron a niños jugando en las instalaciones.

A la par, se evidenció la precaria realidad financiera y operativa de este modelo de gestión compartida. Mientras el Ministerio asume el campo de juego y la iluminación, la Gobernación carga con el mantenimiento del resto del complejo. La falta de liquidez ha llevado a las autoridades regionales a depender de acuerdos a crédito con pequeñas ferreterías locales para realizar reparaciones menores, un esquema de financiamiento insostenible para estructuras de esta envergadura.

Este caso ilustra una falla estructural en el diseño logístico y la gestión. Estadios de esta magnitud debieron contemplar desde su concepción la instalación de montacargas (ascensores de carga) para proveedores y medios, así como personal de seguridad enfocado en el resguardo de los espacios. Reparar equipos dañados por falta de mantenimiento siempre será financieramente más costoso que sostener un plan de conservación preventivo y continuo.

La solución a este laberinto administrativo puede encontrarse en el sector privado. Al igual que ocurre con la enorme logística requerida para sostener las temporadas del deporte profesional, o el mantenimiento diario de las redes de centros comerciales que reciben a miles de visitantes, en el país existen empresas con la capacidad y experiencia para administrar operaciones masivas.

Delegar el manejo de estas infraestructuras a empresas especializadas —ya sea bajo figuras de concesión o alianzas público-privadas— no debería representar un conflicto para el Ministerio, las gobernaciones o las federaciones. Por el contrario, la tercerización del mantenimiento aportaría soluciones eficientes, garantizando que cualquier aficionado, ya sea en la tribuna popular o en un palco VIP, disfrute de instalaciones dignas y seguras.

QUIEN CONSTRUIRA LOS NUEVOS AEROPUERTOS EN VENEZUELA

 



La reciente contingencia generada por eventos naturales en el país dejó en evidencia la fragilidad e insuficiencia de la red aeroportuaria venezolana, teniendo como claro exponente al Aeropuerto Internacional Arturo Michelena de la ciudad de Valencia. Esta situación no solo expone un problema puntual de mantenimiento, sino que reabre el debate sobre la obsolescencia estructural de las terminales aéreas en todo el territorio nacional.

La mayor parte de los aeropuertos del país fueron proyectados y construidos entre finales de la década de los 60 y principios de los 90. Durante ese período, Venezuela logró niveles destacados de conectividad aérea regional e internacional. Para la densidad demográfica y el volumen de pasajeros de aquella época, las dimensiones y el diseño de los terminales resultaban adecuados. Sin embargo, el dinamismo demográfico y el incremento proyectado de la demanda requerían un plan de expansión continua que nunca llegó a consolidarse de forma sistémica.

A la entrada del siglo XXI, el crecimiento poblacional y la necesidad de movilidad desbordaron las capacidades instaladas. Muestra de ello fue el colapso operativo que experimentó en 2008 el Aeropuerto Internacional de Maiquetía —históricamente el principal del país—, cuando la movilización alcanzó cifras superiores a los 25 millones de pasajeros entre vuelos nacionales e internacionales, un volumen sin precedentes que saturó prácticamente toda la red nacional.

Durante los últimos 26 años, la gestión pública careció de un plan maestro de infraestructura aeroportuaria capaz de modernizar, ampliar e interconectar las terminales bajo los exigentes estándares internacionales de seguridad operativa, diseño arquitectónico e inspección aeronáutica (regulados por normas ICAO/OACI).

Al abordar la idea de construir o reconstruir un aeropuerto, suele pensarse en grandes licitaciones internacionales, asumiendo que solo consorcios extranjeros poseen el músculo financiero y técnico para desarrollar estas obras a cambio de concesiones de administración a largo plazo. Sin embargo, este enfoque omite el potencial del sector privado venezolano, que ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad de diseño, ingeniería y ejecución en proyectos de gran envergadura.

Un ejemplo claro de este potencial es la industria de centros comerciales y desarrollos mixtos. Desde fines de la década de los 90, grupos como el Grupo Sambil revolucionaron el concepto de espacio público y comercial en Venezuela, replicando exitosamente su modelo en varias ciudades del país e internacionalizando su marca en plazas exigentes como República Dominicana, Curazao y España.

De igual manera destaca el Grupo Sigo S.A., responsable del Parque Los Aviadores en Maracay (inaugurado en 2012), un desarrollo que abarca 203.000 m² de construcción, 165.000 m² de área comercial, 500 locales y 5.200 puestos de estacionamiento, situándose históricamente como una de las infraestructuras comerciales de planta única más extensas de la región. El mismo grupo desarrolló el centro comercial Parque Costazul en la Isla de Margarita, con 112.000 m² de construcción, 84.000 m² comerciales y 2.500 plazas de estacionamiento.

Si bien la construcción de un aeropuerto implica complejidades técnicas distintas a las de un centro comercial —tales como especificaciones de pista, balizamiento, sistemas de radioayuda, separación de flujos de pasajeros, aduana y seguridad de aviación civil—, la experiencia de estos grupos nacionales en la gestión de megaobras, manejo de flujos masivos de personas y desarrollo de servicios conexos demuestra que en Venezuela existe el talento en ingeniería civil, arquitectura y logística para asumir el reto.

Bajo esquemas de alianzas público-privadas (APP) o concesiones de construcción y operación, la empresa venezolana puede asumir el diseño y la modernización de los terminales aéreos. Las crisis operativas actuales deben convertirse en el catalizador para renovar la infraestructura del país, reactivar la aviación comercial y posicionar nuevamente a Venezuela como un centro logístico y de conectividad clave en la región.

miércoles, 5 de agosto de 2026

COPA AIRLINES CONECTARA A LA ISLA DE MARGARITA

 



Copa Airlines ha confirmado la expansión de su red de rutas en el país al anunciar, a través de sus canales oficiales, un nuevo enlace directo entre el Hub de las Américas en Ciudad de Panamá y la Isla de Margarita. Este nuevo itinerario, que iniciará en el mes de noviembre con una frecuencia de tres vuelos semanales, se convierte en el sexto destino de la aerolínea en el interior de Venezuela.

Sin embargo, más allá de la noticia comercial, esta apertura subraya una dinámica operativa que ha cobrado vital importancia en los últimos meses: la necesidad de descentralizar la conectividad aérea del país.

Resiliencia Operativa frente a la Crisis de Maiquetía

La paralización del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, inhabilitado tras el doble sismo del pasado 24 de junio, puso a prueba la capacidad de respuesta de la aviación comercial en la región. En este contexto, la estrategia de red descentralizada de Copa Airlines demostró ser una ventaja competitiva crucial.

Mientras otras compañías se vieron obligadas a demorar o cancelar sus operaciones hacia Venezuela, la aerolínea panameña logró amortiguar el impacto del cierre de Maiquetía. Al contar con una red ya establecida en el interior del país, Copa pudo desviar el flujo de pasajeros incrementando las frecuencias hacia los terminales donde ya mantenía operaciones directas: Maracaibo, Barquisimeto, Valencia y Barcelona, preparando además el terreno para la próxima incorporación de Margarita.

El Radar de la Infraestructura: Un Cuello de Botella Evidente

Esta contingencia ha dejado una lección clara: las aerolíneas internacionales deben contemplar planes de redundancia operativa que incluyan vuelos directos a ciudades secundarias para evitar el colapso de la conectividad ante emergencias. No obstante, la voluntad operativa de las aerolíneas choca de frente con una dura realidad infraestructural.

Cuando una aerolínea evalúa un aeropuerto alterno, su radar analiza factores técnicos y de servicio críticos:

  • Capacidad de pista y plataformas.

  • Sistemas tecnológicos y de radioayuda.

  • Disponibilidad de counters y agilidad en el sistema de aduanas/migración.

  • Experiencia del pasajero en las salas de espera y embarque.

Es en este último punto donde terminales como el de Valencia y Barcelona han mostrado sus mayores deficiencias. El limitado espacio físico y la falta de confort para los viajeros evidencian que estas instalaciones, construidas hace más de cinco décadas, no están preparadas para absorber los picos de demanda generados por el desvío de vuelos internacionales de gran capacidad.

La Oportunidad tras el Desastre

Todo desafío logístico o desastre natural abre una ventana para la reestructuración. La crisis de conectividad post-terremoto debe servir como el catalizador definitivo para que las inversiones lleguen a estos terminales regionales.

Es el momento propicio para que las autoridades y el sector privado comiencen a estructurar planes maestros y nuevas licitaciones dirigidas a la modernización y ampliación física de todos los aeropuertos de categoría internacional en el país. Venezuela no puede seguir dependiendo de un único megaterminal; el mercado exige una red de aeropuertos regionales modernos, con la capacidad técnica y el espacio necesario para ofrecer un servicio a la altura de la aviación comercial contemporánea.



PASAPORTE O CEDULA DE IDENTIDAD EN LOS AEROPUERTOS DE VENEZUELA


 

En las últimas semanas, las redes sociales se han convertido en el principal canal de denuncia para una situación que genera confusión y malestar entre los pasajeros del transporte aéreo nacional. Usuarios han reportado que, tras superar los controles de seguridad para ingresar a las salas de embarque, autoridades aeroportuarias están exigiendo el pasaporte como documento de identidad en lugar de la cédula, específicamente en terminales como el Aeropuerto Internacional Manuel Piar en Puerto Ordaz y el Aeropuerto Internacional Santiago Mariño en Margarita.

Esta exigencia no solo carece de asidero legal, sino que representa una distorsión preocupante de los protocolos de aviación civil dentro del territorio nacional.

La Cédula de Identidad: El Único Documento Nacional

Para transitar y abordar vuelos dentro del territorio venezolano, el único documento de identidad válido y obligatorio para los ciudadanos es la Cédula de Identidad vigente, respaldado por la Constitución. Exigir un pasaporte para un vuelo de cabotaje (doméstico) es una extralimitación de funciones.

Algunos usuarios han intentado justificar esta práctica en el caso de Margarita por tratarse de un estado insular. Sin embargo, esta premisa es geográficamente y legalmente errada: Nueva Esparta es parte íntegra del territorio nacional, no un Estado extranjero. El traslado hacia y desde la isla está sujeto a las mismas normativas de tránsito nacional que un vuelo entre Caracas y Maracaibo.

El Mito de la Categoría "Internacional"

Parte de la confusión radica en el desconocimiento de lo que implica la categorización de un aeropuerto. Que el terminal Manuel Piar o el Santiago Mariño ostenten el título de "Internacional" no significa que sus vuelos domésticos requieran documentación internacional.

Esta categoría simplemente indica que el aeropuerto cuenta con la infraestructura, las aduanas y los servicios de migración necesarios para recibir o despachar vuelos hacia el extranjero. Cuando un pasajero toma un vuelo nacional en estos terminales, el protocolo de migración no se activa. Los únicos requisitos ineludibles son la cédula de identidad y el pase de abordar.

El Peligro de Normalizar la Irregularidad

El riesgo de que la ciudadanía permita y normalice estas prácticas irregulares es alto. Aceptar que un funcionario exija requisitos no contemplados en la ley crea un vacío de desinformación que puede dar pie a abusos de autoridad.

Si las autoridades competentes decidieran modificar los documentos requeridos para el tránsito aéreo nacional, esto requeriría comunicados oficiales a través del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) y reformas legales profundas, no acciones arbitrarias en los puntos de control. Permitir esta distorsión abre la puerta para que, en un futuro, se pretendan imponer "multas", tasas paralelas o extorsiones por el no uso de un documento que no es exigible en primer lugar.

La Única Excepción a la Regla

Existe un único escenario donde el pasaporte venezolano funge como documento válido para tomar un vuelo nacional: el extravío o robo de la cédula de identidad. En este caso, el pasajero puede presentar su pasaporte (el cual debe estar vigente) como mecanismo alternativo de identificación para poder viajar dentro del país mientras tramita su nuevo documento.

Es fundamental que los pasajeros conozcan sus derechos y las normativas aeronáuticas. La eficiencia y seguridad de nuestros aeropuertos deben basarse en estándares internacionales y en el respeto a la ley, no en alcabalas burocráticas injustificadas.

MAIQUETIA CON CARPAS Y EN LAS REGIONES DEL PAÍS A LA ESPERA

  Este mes de agosto, el Aeropuerto Internacional de Maiquetía cambia de rostro. Tras las afectaciones sufridas en su infraestructura princi...