Este 15 de julio marca el inicio de una nueva etapa para la conectividad en el centro del país. Las aerolíneas Laser Airlines y Venezolana han anunciado el inicio de operaciones regulares desde el Aeropuerto Nacional Florencio Gómez (ubicado en la emblemática base aérea de Palo Negro, en Maracay) con vuelos diarios hacia destinos clave como Barcelona, Maracaibo, Porlamar y El Vigía.
Muchos no lo recordarán, pero este proyecto no es nuevo. En el año 2014, esta terminal militar fue habilitada para el uso civil; sin embargo, en aquel entonces, la estatal Conviasa fue la única que llegó a operar vuelos inaugurales, mientras que la incorporación de las aerolíneas privadas nunca terminó de materializarse. Hoy, bajo la presión de la actual contingencia por el cierre de Maiquetía, este aeropuerto finalmente adquiere el protagonismo y la relevancia que se proyectaban hace una década.
Las ventajas geográficas de Maracay: ¿Un rival para Valencia y Maiquetía?
Aunque algunos puedan subestimar la importancia de la terminal de Maracay, la realidad es que su ubicación estratégica supera en varios aspectos a la de Valencia. La capital de Aragua ofrece un acceso mucho más rápido y directo a Caracas y a otras zonas del centro y el llano que no dependen de la congestionada autopista Regional del Centro.
Para los habitantes de San Juan de los Morros (estado Guárico), de la zona industrial de La Victoria, o de los populosos Valles del Tuy (estado Miranda), viajar por carretera hasta Maracay para tomar un vuelo es considerablemente más corto y seguro que trasladarse a Maiquetía. Esta apertura, aunque forzada por una emergencia, representa un alivio directo para el bolsillo de los viajeros, quienes ahora pueden evitar el tiempo de tránsito hacia el litoral central, los costosos traslados y los gastos imprevistos de hospedaje en hoteles de La Guaira ante cualquier eventualidad con sus vuelos.
Ojalá que los números comerciales acompañen a las aerolíneas y que, en el largo plazo, estas frecuencias se consoliden de forma permanente. Consolidar a Maracay no solo evitará saturar terminales vecinas, sino que acortará distancias reales para millones de venezolanos.
El mapa incompleto de la conectividad nacional
El impulso de Maracay debe servir también para poner la lupa sobre la alarmante desigualdad en la conectividad del interior del país. Actualmente, existen capitales que sobreviven con apenas un vuelo semanal —o ninguno—, una restricción logística que asfixia cualquier intento de recuperación económica. Es el caso de Puerto Ayacucho (Amazonas) o Cumaná (Sucre); dos regiones con un potencial turístico colosal que permanecen estancadas debido a la falta de conexiones aéreas regulares y confiables.
En entregas anteriores mencioné el olvido en el que se encuentra el aeropuerto nacional de Tucupita, en el estado Delta Amacuro, una entidad con una riqueza agrícola, fluvial y turística excepcional. Los aeropuertos son catalizadores del desarrollo: dinamizan el comercio, facilitan el transporte de carga, atraen inversiones y conectan realidades.
Mientras algunas ciudades del país comienzan a ver una luz de esperanza con la apertura de nuevas rutas nacionales e internacionales, otras regiones continúan bajo la sombra del aislamiento. Venezuela no podrá desarrollarse plenamente si su red de transporte sigue fracturada, dejando estados con un inmenso potencial económico, social y cultural condenados al abandono logístico.




