La aerolínea colombiana Wingo anunció hoy, a través de sus canales oficiales, la suspensión temporal de todos sus vuelos con destino y origen en Venezuela. La medida estará en vigor a partir del 4 de diciembre y se extenderá hasta el 12 de diciembre.
Esta decisión se produce apenas un día después de que la panameña Copa Airlines (otro operador clave) anunciara una suspensión similar, lo que agrava significativamente la ya reducida oferta de conectividad internacional del país.
Wingo se ha comprometido a mitigar el impacto en sus viajeros, ofreciendo las siguientes opciones a través de su página web:
Reembolso Total: Devolución del 100% del valor del tiquete.
Cambio de Vuelo: Modificación de la fecha de viaje, sujeta a disponibilidad, sin aplicar cobros de penalidad o diferencias tarifarias.
Ante esta suspensión, las autoridades venezolanas de aviación han comunicado, también por redes sociales, que esperan que estas operaciones se reanuden en el plazo estipulado por la aerolínea.
La reacción oficial de esta semana muestra una postura menos impulsiva en comparación con el manejo de la crisis anterior. En días pasados, el gobierno rescindió la operación comercial a seis aerolíneas que decidieron suspender sus vuelos, una medida que fue criticada por no medir la magnitud del daño a la conectividad del país.
La continua presión de las regulaciones y alertas internacionales (como las emitidas por EE. UU.) se siente cada vez más en la esfera comercial venezolana. Se espera un desenlace pronto a esta situación, ya que, históricamente, los principales perjudicados por el deterioro de la conectividad son los ciudadanos. Con más de 8 millones de venezolanos en el exterior, la cancelación de vuelos afecta directamente a la reunificación familiar y al envío de remesas, mientras el gobierno mantiene el control de los poderes y ejerce presión a la sociedad civil.
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