Cada vez que ocurre un evento inesperado, como los recientes sismos en Venezuela durante el mes de junio, se pone en evidencia el alarmante estado de la infraestructura del país.
Entre la década de 1920 y finales de los años 90, Venezuela construyó una sólida red de represas, avenidas, carreteras, hospitales, universidades y aeropuertos. Gracias a esa visión de futuro, el país contó con la base estructural necesaria para su desarrollo; sin embargo, toda obra requiere actualización y modernización constante para adaptarse al crecimiento demográfico natural. Lamentablemente, esa planificación a largo plazo se detuvo en 1999 con la llegada del gobierno actual.
Un ejemplo claro de este estancamiento es el sector aeronáutico. En el año 2000 se iniciaron los trabajos de modernización proyectados para el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. No obstante, solo se ejecutó el 30% de lo planificado: la nueva terminal de llegada internacional, la aduana de verificación y el pasillo conector entre las terminales nacional e internacional.
Mientras la capital recibió estas mejoras parciales, los aeropuertos del interior del país quedaron en el olvido. Ciudades con terminales internacionales como Maracaibo, Valencia, Barquisimeto, Barcelona, Margarita, Maturín y San Antonio llevan años sin recibir ampliaciones ni mantenimiento, por lo que hoy no ofrecen un servicio acorde a la demanda habitual ni a las contingencias.
El caso del Aeropuerto Internacional Arturo Michelena, en la ciudad de Valencia, es crítico. A pesar de perfilarse actualmente como el nuevo hub para los vuelos de las grandes aerolíneas internacionales, la infraestructura colapsa fácilmente. No cuenta con el espacio adecuado para los viajeros, quienes se ven obligados a pasar entre cinco o más horas de espera en instalaciones completamente desbordadas.
Esta visión miope del gobierno, tras más de 26 años en el poder, genera graves malestares a los usuarios, a las empresas y al entorno económico general, que debe lidiar con espacios que no están aptos para el nuevo volumen de pasajeros.
Mientras la mayoría de los países de la región llevan más de 20 años adecuando su infraestructura terrestre y aérea a las exigencias modernas —como Colombia, que registra una movilidad superior a los 45 millones de pasajeros—, Venezuela sigue anclada en estructuras de los años 60, 70 y 80 que ya no garantizan el bienestar ni la calidad de vida de su sociedad.



