martes, 28 de octubre de 2025

LA GASTRONOMÍA VENEZOLANA COMO LLAVE MAESTRA PARA EL NUEVO TURISMO



Las ciudades turísticas del futuro no solo ofrecen placer, sino experiencias auténticas y sabores que cuentan la historia de un país. Venezuela tiene la oportunidad de pasar de ser una nación petrolera a una potencia agro-turística.

Millones de turistas visitan anualmente ciudades donde la seguridad puede ser un desafío, o donde existen estructuras complejas. ¿Cuál es el imán, entonces? La respuesta está en la experiencia integral al viajero: hoteles de calidad, servicios comerciales impecables y, fundamentalmente, la posibilidad de conectar con la cultura local a través de su esencia.

Para los países hispanos, y especialmente en el contexto actual, la estrategia turística debe ir más allá de los destinos de "sol y playa" o los resorts de placer. Es hora de mirar a los lugares por descubrir y, sobre todo, a los sabores por degustar.

La crisis económica venezolana es un hecho ineludible. Durante más de 100 años, el petróleo fue la columna vertebral, la fortaleza y, a la vez, la "maldición" del país, creando una dependencia de las divisas que hoy, con la industria operando a una fracción de su capacidad, afecta a cada agente económico.

Sin embargo, toda crisis es un catalizador. En Venezuela, ha forzado una fusión sin precedentes entre el sector público y el privado, orientada a fortalecer el eslabón más débil, pero vital: la producción de alimentos.

Existe un lugar que, aunque poco visible para la élite o el turista tradicional, guarda la verdadera llave del desarrollo: el mercado central o mayorista de alimentos, y se pueden crear nuevos con mejoras para los actuales usuarios y futuros.




Allí convergen una variedad de productos nacionales como: el tomate de Portuguesa, la papa de Los Andes, el plátano del Sur del Lago, las fresas de la Colonia Tovar, la carne de Los Llanos y el pescado de las costas. Es una vitrina viva del esfuerzo nacional.

  • Estos mercados crean miles de empleos directos e indirectos, movilizando una cadena que abastece a restaurantes, mercados minoristas y a millones de familias.

  • Son el reflejo más puro de lo que el país produce, ofreciendo el potencial para el consumo interno y la base para una estrategia de exportación alimentaria de alto nivel.

Este no es un cuento, es una realidad económica probada. Países desarrollados como Francia, España o Japón tienen en la inversión y el tamaño de su producción alimentaria un pilar de su estabilidad y, por ende, de su atractivo cultural.

Venezuela posee una riqueza natural asombrosa: montañas, playas, desiertos y selvas. Pero el verdadero valor agregado es el esfuerzo del venezolano que se refleja en sus productos.

Tomemos dos ejemplos concretos:

  1. El Café: Una bebida global, producida en el país con un aroma y sabor único, en diferentes ecosistemas en la costa, los Andes o en Los Llanos. ¿Cuántas experiencias de café de especialidad existen realmente para el viajero? Muchos viajeros que van a EEUU quieren probar un café en Starbucks o Dunkin Donuts. Mostrar las distintas tiendas que hay en el país como Páramo (por ejemplo) o cualquier café a lo largo y ancho del país, en la taza perfecta, es un potencial turístico que cambia el humor y enamora al visitante.

  2. El Cangrejo Azul: Un producto de exportación que lleva 35 años saliendo del país, movilizando hasta 60.000 pescadores (solo en el Lago de Maracaibo) en su cadena, pero que es prácticamente desconocido para el consumidor local.

La exportación de alimentos —desde la agricultura hasta la pesca— es la verdadera "piedra de lanza" que debería impulsar una economía históricamente dominada por un recurso (el petróleo) producido por un poco mas de 60.000 personas.


Para que Venezuela salga de ese "sótano turístico", la estrategia debe ser clara:

1. Ofrecer seguridad es fundamental, pero luego hay que responder a la pregunta del viajero moderno: "¿Qué puedo consumir y qué sabores voy a descubrir?"

2. El país debe usar su gastronomía como anzuelo. El visitante debe ver, en un restaurante de calidad, en un mercado minorista o en una taza de café, el esfuerzo de horas de trabajo invertido por el productor venezolano.

3. Es en ese momento, cuando el viajero de turno saborea un producto de alta calidad, que deseará volver a disfrutar esos sabores e invitará a más personas a que lo hagan.

Venezuela tiene todos los elementos para ser una potencia turística, pero el camino no está solo en el paisaje. Está en la cocina, en la siembra, en la pesca y en convertir el mercado de alimentos en la gran experiencia cultural y económica que invita al mundo a visitarla.

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